jueves, 18 de noviembre de 2010

El zapoteco y el mixteco (Parte I)


"Yo soy tan chingón que no me dejo engañar por esos libros de historia de la SEP, no como esos pendejitos que se creen que Benito Juárez era un santo y Porfirio Díaz el mismo diablo. Pero yo soy muy listo y veo más allá de esas mentiras, y me he dado cuenta de que Díaz es el mejor presidente que hemos tenido y que Juárez era no más un indio vende patrias".

Más o menos así he escuchado que se expresan no pocos individuos, sumamente ingenuos, creo yo. ¿Por qué digo que son ingenuos? Porque su alarde de chingonería está muy mal fundamentado, en especial porque creen que lo que los hace muy duchos en realidad es simplemente signo de la manipulación que le atribuyen a los que opinan distinto. O sea, ahorita me explicaré:

A lo largo de nuestra educación, sobre todo en la primaria, y sobre todo en los libros de la SEP, se nos enseñó que en la histora nacional había héroes impolutos y villanos malvadísimos. Uno de esos héroes fue Benito Juárez y uno de esos villanos fue Porfirio Díaz. ¿Por qué era así? Muy fácil: el régimen priísta se legitimaba en el triunfo de la Revolución, aunque la Revolución fuese traicionada desde que Calles subió al poder y sólo funcionó como gobierno durante la presidencia de Lázaro Cárdenas, pero al PRI le gustaba hacernos creer que eran continuadores de Madero, Villa y Zapata. Para legitimarse, el PRI necesitaba convencernos de que la Revolución era muy necesaria porque Díaz era malo con carne.

Pero luego llegaron los gobiernos neoliberales, por un lado. Recuérdese que los gobiernos panistas de Fox y Calderón son, en gran medida, continuaciones de los gobiernos de Salinas y Zedillo, en cuanto a que el neoliberalismo constituye su dogma. Hay más diferencia entre los gobiernos de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas, que entre los de Zedillo y Fox. En fin, el caso es que a partir del gobierno de Salinas se empezó a restar importancia a la Revolución y a reivindicar a Porfirio Díaz como un gran presidente.

¿Por qué? Muy sencillo: el sistema porfirista en el que se logra el "progreso" de un sector privilegiado, a costa de la explotación de la mayoría de la población, va muy bien con el neoliberalismo. Para que funcione el neoliberalismo era (y es) necesario echar atrás los triunfos y logros que alcanzó la ciudadanía gracias a la Revolución, y para que ello fuera posible era (y es) necesario convencer a todo el mundo de que la Revolución no fue la gran cosa, y que el Porfiriato no estaba tan mal. Y con los tecnócratas subió al poder la élite empresarial, desde siempre enemiga de la memoria de la Revolución.

Por otro lado, una vez roto el monopolio de la SEP sobre nuestra historia, se abrió la puerta a revisiones y a la iconoclasia: las figuras y hechos de nuestra historia ya no eran más incuestionables ni inmunes a la burla. Pero si bien la SEP nos enseñaba muchas veces las cosas incompletas o tergiversadas (rara vez nos decían una mentira tal cual), es igualmente necio interpretar que entonces la verdad debe ser justamente lo contrario de lo que SEP enseñaba. O sea, que si la SEP decía que Hidalgo Juárez y Madero eran "los buenos" y que Santa Anna, Maximiliano y Porfiria Díaz eran los malos, entonces la realidad debe ser exactamente al revés.

Es decir, los que defienden a Díaz y menosprecian a Juárez, no es porque sean unos rechingones que vieron más allá de las mentiras del PRI, sino que son unos pobres diablos sin criterio que se tragaron completita la nueva mentira que plantea el actual orden de cosas. Es más, fíjense cómo los que piensan que Díaz fue nuestro más grande presidente ponen en segundo lugar a Salinas o a Fox.

Las figuras de Benito Juárez y Porfirio Díaz son muy complejas y no es nada fácil decir "tal fue un héroe, tal un villano", aunque algunos simploncitos entiendan las cosas en términos de blanco y negro, pues en la historia, no hay héroes ni villanos. Eso claro, no significa que no podamos juzgar las acciones de los personajes históricos. Por ello, en estas dos entradas, me dedicaré a hacer un breve análisis de las figuras de Díaz y Juárez.




BENITO JUÁREZ ¿Por qué los conservadores odian a Juárez? Juárez separó el Estado de la Iglesia, limitó los privilegios de las clases poderosas, sentó las bases para hacer una nación más igualitaria e impidió el proyecto conservador de que un príncipe europeo católico gobernara México, que era lo que ellos querían (y con lo que siguen soñando). Además, algo que les emputaba a los conservadores (y les sigue emputando) es que Juárez fuera un indio; basta escuchar como todavía los derechosos y la "gente bien" se refieren a él como "ese pinche indio". Ahora, los conservadores no se atreven a admitir que ellos quieren que México ser una monarquía en la que la religión católica sea obligatoria, porque eso no está bien visto (sólo Norberto Rivera tiene los tamaños para decir esas barbaridades). Entonces, atacan a don Benito por otras cosas.

Juárez era autoritario y antidemocrático: Eso que ni qué. Es más, llegó a la presidencia no por elección popular sino por un tecnicismo legal (Comonfort, el presidente, renunció, y Juárez era presidente de la Suprema Corte). Juárez gobernó con "mano dura", como quien dice, y fue implacable con sus enemigos. Juárez ejerció una especie de despotismo ilustrado: mejorar las condiciones del país, construir una sociedad más igualitaria, poner fin a las guerras de medio siglo, pero sin que nadie se atreva a llevarle la contraria.

Pero este hecho, a todas luces condenable, palidece junto a la obra que Juárez dejó tras de sí: la Constitución de 1857, el establecimiento de una vez por todas de la República, y por supuesto, la heroica resistencia de su gobierno contra la invasión extranjera. Juárez no estuvo en las trincheras, pero él dirigió la lucha y cohesionó a los distintos caudillos liberales bajo su figura.

Juárez le entregó la patria a los gringos: Yo no sé con qué cara dicen esto los conservadores, que le estaban entregando la patria a los franceses, pero bueno... Hay que ponernos en contexto: Juárez le pidió ayuda a los EUA en la Guerra de Reforma y en la Intervención Francesa. Pero en ese tiempo, a mediados del siglo XIX, Estados Unidos no era visto como el imperio culero y mangoneador que mataba a niños vietnamitas con napalm, sino que era el ejemplo de una nación democrática, moderna, próspera y exitosa. En esos tiempos, a pesar de la Doctrina Monroe y de la guerra de intervención de 1848, EUA no era visto como el coloso que se iba a tragar a las pequeñas naciones de América Latina; el peligro más inmediato estaba en las monarquías europeas, que llevaban siglos saqueando y esclavizando a los pueblos de todo el mundo. De hecho, Estados Unidos era el único a quien se podía recurrir, pues España, Francia, Inglaterra y hasta el Vaticano apoyaron a los conservadores.

Así, mientras que EUA era la democracia a la que se quería imitar, Francia era una monarquía poderosísima y culera. Juárez le pidió ayuda a la primera y los conservadores le pidieron ayuda a la segunda.

También se acusa a Juárez de querer vender el Istmo de Tehuantepec a los gringos. Esto es en parte cierto, pero también ha que ponerlo en contexto. Se refiere al Tratado McLane-Ocampo, que daba a los EUA el derecho de transitar libremente por el Istmo y en un corredor en el norte del país. Pero el tratado no fue ni idea ni invención de Juárez. Había sido firmado por Antonio López de Santa Anna como parte de la compra de la Mesilla en 1853. Como el gobierno de Santa Anna había sido derrocado por la Revolución de Ayutla,  que colocó a los liberales en el poder, el tratado nunca se aplicó. Lo que Juárez ofreció a los gringos fue ratificarlo a cambio de su apoyo. De hecho, Juárez incluyó en el tratado la cláusula de que, a pesar de estas concesiones, ambas rutas permanecerían bajo soberanía mexicana, así que en realidad trató de reducir las amenazas a la independencia nacional que ese tratado implicaba.

Por fortuna, los gringos en ese entonces practicaban el proteccionismo y eran alérgicos al libre comercio (para que vean qué tan diferentes eran los gringos entonces), por lo que les pareció mala idea ese trato, aunque de todos modos prestaron la ayuda al gobierno de México, que era justamente con lo que Juárez contaba.

Juárez y los indios: Benito Juárez era un indígena zapoteco de la sierra de Oaxaca, que logró salir de la pobreza y estudiar, impulsado por sus deseos de superación y, también, por su ambición personal, y se convirtió en presidente de la República. Es una historia muy bonita, con todo y ovejitas de algodón, que inspira admiración y ternura. Basados en ello, algunos grupos indigenistas o izquierdistas en general, sin mucho conocimiento, adoptan la figura de Juárez como símbolo de su lucha: "Si Juárez viviera con nosotros estuviera", aberración gramática que además encierra una falsedad.

Los derechosos aprovechan para burlarse de los izquierdosos echándoles en cara una verdad: Juárez no era indigenista; no se veía a sí mismo como indio. ¿Es esto grave? No tanto, realmente. No es que Juárez odiara a los indios; todo lo contrario. Después de la Guerra de Castas en Yucatán, los "blancos" se dedicaron a mercar con esclavos mayas que vendían a Cuba. Juárez puso fin a esta atrocidad.

¿Qué era lo que quería Juárez? Que los indios progresaran junto con el país. Pero para ello, era necesario que se "desindianizaran" y aceptaran el proyecto de nación occidental. Es decir, que hicieran lo que él hizo: bajar de la sierra y unirse a la "civilización". Todo esto formaba parte de su proyecto de construir una sociedad más igualitaria en la que todos los mexicanos se rigieran por las mismas leyes. Eso incluía abolir la propiedad comunal de las tierras e instituir la propiedad privada para fomentar el desarrollo del capitalismo. Cuando los indígenas se resistieron, Juárez los reprimió. Esta misma política fue aplicada, con mucha mayor envergadura, y con mucha mayor violencia, por el gobierno de Porfirio Díaz.

¿Es esto tan malvado? Sí, para nuestros estándares actuales. No tanto, si tenemos en cuenta que en esa época la mayoría de los gobernates y gente poderosa de la época creía que los indios sólo servían para trabajar bajo el látigo. Es decir, Juárez era tan liberal y de izquierda como se podía ser en su época y en su contexto. Tan absurdo es decir que Juárez era indigenista, como reprocharle el no serlo.

En fin, los argumentos que tienen la derecha son absurdos e insostenibles. La verdadera razón por la que odian a Juárez, no es porque fuera amigo de los gringos, que no fuera democrático ni menos que no fuera indigenista. Odian a Juárez porque separó la Iglesia y el Estado, porque no dejó que viniera un güerito a gobernarnos y, finalmente, porque era indio.

La próxima hablaremos de don Porfirio.

domingo, 14 de noviembre de 2010

¿Por qué la gallina cruzó el camino? Los magufos responden


¿POR QUÉ LA GALLINA CRUZÓ EL CAMINO?

PERSONA CON SENTIDO COMÚN: Para llegar al otro lado.

WALTER MERCADO: Los astros lo favorecieron.

ESCÉPTICO SARCÁSTICO: A huevo, es decir, cuerpos que están a millones de kilómetros de distancia influyeron grandemente en las actividades de un organismo insignificante e intrascendente para el Universo, como lo es una pinche gallina.

GHOST HUNTERS: Tras media hora de minuciosa investigación, no encontramos una explicación natural para que la gallina haya cruzado el camino. Por lo tanto, concluimos que se debió a causas sobrenaturales.

PAULO COELHO: La gallina deseaba con todo su corazón cruzar el camino y el Universo entero conspiró para que sucediera.

RHONDA BYRNE: Es un Secreto que compartían Confucio, Isaac Newton y Nezahualcóyotl: el deseo de la gallina por cruzar el camino se manifestó en ondas cerebrales que transformaron la realidad ¡y la hicieron cruzar el camino!


CHARLES DARWIN: Se trata de selección natural. Si del otro lado del camino hay alimentos o algo que resulte ventajoso para las gallinas, las que tengan el instinto y la habilidad para cruzarlo tendrán ventaja sobre las que no. Si, por otro lado, si el camino es peligroso (porque pasan muchos vehículos, por ejemplo), las gallinas que tengan el impulso de cruzarlo morirán, mientras que las que tengan temor instintivo al camino sobrevivirán para reproducirse.

GRINGO CREACIONISTA: ¡Calla, maldito nazi-comunista! ¡Lo que dices son mentiras influidas por el Maligno! ¡Todo lo que pasa es por la voluntad de Dios! ¡En la Biblia están todas las respuestas que necesitamos! ¡Y si no está en la Biblia, no hay que pensar en ello! ¡JEEEEEEEESUUUUUUUS!

JAIME MAUSÁN: Está claro que “cruzar caminos” no es el comportamiento normal de una gallina. Los ornitólogos tendrán muchos problemas para explicar este fenómeno, si no admiten que la influencia OVNI está detrás de todo esto.



CARL SAGAN: Por favor, señores, basta con aprender un poco sobre ciencia (por ejemplo, escuchando al señor Darwin), para encontrar las respuestas, en vez de dejarnos dominar por supersticiones y pensamientos irracionales…

ARTISTA BOHEMIO: ¡No! ¡Lo que tú quieres es imponer es el Culto a la Razón y la Religión de la Ciencia! Por gente como tú peligran las artes y la poesía… ¡Hic!

ANTROPÓLOGA POSMODERNA: Tiene razón el señor artista... ¡Aparta de aquí tu ciencia occidental, racista, falocentrista, heteronormativa y capitalista! Un análisis de tu discurso demuestra tus prejuicios eurocentristas y misóginos. ¿Y si la gallina y el camino son sólo tus construcciones mentales? ¿Y si para un pueblo de la Amazonia las gallinas son la reencarnación de sus ancestros y los caminos llevan al más allá? La realidad de ellos es tan válida como la tuya, pero claro, tú eres incapaz de darle cabida a la visión del Otro, porque eres blanco, masculino y heterosexual. Te odio.



NEW AGER GENÉRICO: La respuesta a esta pregunta tan trascendental para la humanidad se encuentra en el calendario maya y las runas célticas. La ciencia occidental, con su materialismo y su soberbia que envenena a la Madre Tierra, no puede competir con la sabiduría de los antiguos.

CONSPIRANOICO DE INTERNET: ¿Cuál gallina? ¿Cuál camino? Todo es un complot secreto de la NASA, que está experimentando con el HAARP para controlar la voluntad de las gallinas. He analizado con Paint las fotos de la gallina cruzando el camino y he descubierto que ¡son falsas! Además, una reunión del G8 se realizó unos días antes de apareciera la historia de las gallinas. ¡No puede ser coincidencia!


INDIVIDUO POLÍTICAMENTE CORRECTO: Por favor, evite el uso del término “gallina”, que tiene una connotación de “cobarde” y puede resultar ofensivo para las Personas con Valentía Diferente. Estamos analizando el término “camino”, para ver si no existe una alternativa más plural e incluyente.

MÉDICO HOMEÓPATA: Si le sacamos una gota de sangre a una gallina y la disolvemos en 10,000 volúmenes de agua, repetimos el proceso 100 veces, luego ponemos una gotita de esa agua en una pastilla de azúcar y luego repetimos el mismo proceso con una gota de aceite de motor encontrado en el camino, tendremos una solución homeopática de gallinas que cruzan caminos, y que podrá curar cualquier cosa que a usted se le ocurra.



GAVIN MENZIES: ¡Ajá! ¿Cómo puedes tú, un mexicano, hablar de gallinas si éstas no son originarias de América? ¡Ésta es una prueba más de que China descubrió América 70 años antes que Colón!

PERSONA QUE SÍ SABE DE HISTORIA: Y supongo que el hecho de que esté hablando de gallinas 500 años después de la llegada de Colón no tiene nada que ver, ¿no?


INFOMERCIAL DE LA TELE: ¡Compre la Chicken-Away! ¿Cansado de que las gallinas se crucen en su camino mientras transita por la carretera? ¡Chicken-Away es la solución! Chicken-Away es una milagrosa esfera hecha con una muy especial aleación de metales de alta densidad, combinando los últimos descubrimientos de la física cuántica con la sabiduría ancestral de monjes tibetanos. Cuelgue la esfera en el espejo retrovisor de su auto y ninguna gallina lo molestará otra vez. Chicken-Away es fantástica y ha cambiado la vida de personas en todo el mundo: “Oh, es fantástico, me ha cambiado la vida.” Pero eso no es todo: llame ahora y recibirá DOS Chicken-Away por el precio de una. Y si es una de las primeras cien personas en llamar, le obsequiaremos ¡un fabuloso estuche para su Chicken-Away, un cuerno de unicornio y un repelente para yetis!

FELIPE CALDERÓN: Como parte de los incansables esfuerzos de esta administración en su lucha contra el narcotráfico, para asegurarnos de que la droga no le llegue a tus hijos, la SEDENA ha invertido una histórica cifra de 250 mil millones de pesos para adquirir Chicken-Away, para todos los elementos del Heroico Ejército Nacional. Ahora, nuestros valientes soldados podrán recorrer las carreteras de nuestro bello país para cumplir su misión, sin temor a que las gallinas que cruzan los caminos se interpongan en su cometido. ¡Y recuerden que estamos ganando!




DAN BROWN: San Pedro Apóstol negó a Jesús tres veces antes de que cantara el gallo. Por lo tanto, el gallo es el símbolo de Pedro. Si el gallo representa a Pedro, ¿qué representa la gallina? ¡Fácil! María Magdalena, porque así como Pedro era para Jesús el principal entre sus seguidores varones, Magdalena era la principal de las mujeres. Ahora, ¿qué significa que cruzó el camino? Es muy sencillo: el camino quiere decir el Mar Mediterráneo. Es decir, la Gallina (Magdalena) cruzó el camino (el Mediterráneo) hacia Francia, llevando un huevo (es decir, la progenie de Jesús). ¡Todo está conectado!

ALEJANDRO JODOROWSKY: Mi próxima película se llamará Tecnosquizofrenia Metaviar, y será una historia de 180 minutos, sobre gallinas cruzando un camino, como una alegoría del aprendizaje del psicochamanismo, que reunirá las enseñanzas del Tarot, los Alquimistas, Salvador Dalí, Albert Einstein, María Sabina y Uri Geller. Habrá escenas de desmembramiento, desnudos innecesarios, tomas muy artísticas sostenidas por largos minutos, imágenes de gallinas cagando en crucifijos y escenas de sexo: hombres con gallinas, mujeres con gallos, y no puede faltar incesto entre gallinas y pollitos. Si alguien no la entiende es porque soy un genio adelantadísimo a este milenio. El enigma de la gallina y el camino sólo puede ser comprendido por mí, y ello estaba predestinado, porque en mi pueblo había tanto gallinas como caminos. ¡Soy tan incomprendido!

jueves, 11 de noviembre de 2010

Sobre héroes y tumbas

En nuestra educación escolar se nos ha enseñado la historia a través de figuras de héroes y villanos. Los primeros eran depositarios de todas las virtudes, y los segundos eran colecciones andantes de vicios. Y esto no solamente en la escuela, sino también en el cine y otros medios, y más concretamente en el cine estadounidense, que es el que sin duda más ha influido en nuestras preconcepciones del mundo.

Al crecer nos damos cuenta de que no existieron tales héroes ni tales villanos, sino que los personajes históricos eran seres humanos con virtudes y defectos. Sin embargo, he notado una peligrosa y lamentable tendencia a pasar al extremo opuesto: de canonizar a unos y satanizar a otros, se pasa a suponer que todos eran iguales, o se cae en un cinismo extremo y se piensa que al fin y al cabo, todos eran la misma escoria, motivados por razones egoístas y mezquinas.




Esto es muy grave, pues se olvida algo muy importante: que hubo seres humanos cuyas acciones estuvieron encaminadas hacia la construcción de una sociedad más justa, y otros cuyas acciones fueron criminales. No es necesario irnos a extremos, pero lo haré para aclarar la situacion: vamos, Gandhi no es igual que Hitler. Y por más que algunos cínicos digan que Hitler ha sido satanizado en exceso porque así le conviene a EUA, y que Gandhi ha sido canonizado en exceso olvidándose que era intolerante y hasta agresivo en un contexto más privado o que tenía opiniones racistas, no se puede negar que Hitler causó la muerte de millones de personas, mientras que Gandhi nos dejó una hermosa enseñanza sobre el camino de la paz, que sigue inspirando a los seres humanos a ser mejores.

Pocos personajes, sin embargo, puede considerarse "héroes" de toda la humanidad, como Gandhi, o Martin Luther King. La mayoría son héroes para una nación y villanos para otra, como Napoleón. En una guerra ambos bandos matan a sus enemigos, pero aún así no es lo mismo el que lucha defendiendo la libertad de su gente, que el que invade a otro pueblo para sojuzgarlo. Esto lo sabemos bien, y por ello no debe extrañarnos que, aunque pertenecieron a otras naciones y tiempos, se siga recordando con admiración a los espartanos que lucharon en la Termópilas o a los numantinos que prefirieron quitarse la vida antes que caer bajo el yugo de Roma.

Pero aún sin irnos a ejemplos extremos, podemos ver que no todas las acciones humanas a lo largo de la historia son igualmente loables o condenables. Vayámonos con los nazis, a los que se ha convertido en los peores villanos de la historia reciente. Aún entre ellos no es lo mismo alguien como Heinrich Himmler que alguien como Erwin Rommel. Cierto, ambos eran nazis, pero mientras que el primero dirigía un aparato de represión brutal, la Gestapo, y era el encargado de los campos de exterminio, el segundo era un militar que, si mató gente, fue un contexto de guerra, mirando de frente al enemigo, y honorablemente, según los códigos de honor de esa época (es más, Rommel participó en la conspiración para matar a Hitler).




En pocas palabras, no puede negarse que algunos personajes merecen reconocimiento, mientras que otros merecen repudio, y que la mayoría sólo fueron el producto de sus épocas y circunstancias, pero no por ello iguales o neutrales desde un punto de vista ético. De aquellos hombres y mujeres que lucharon por defender a sus naciones, o por crear un mundo más justo, se debe aprender, sin llegar a la idolatría, pues ellos mismos tuvieron defectos y cometieron errores (de los que también se debe aprender). Es pues, para honrarlos y no olvidar las enseñanzas que nos legaron, que les levantamos estatuas, pintamos retratos, hacemos películas sobre ellos y escribimos o leemos sus biografías.




He estado gestando esta reflexión desde hace algún tiempo, motivado por la polémica de las estatuas de los Montejo en Mérida. Al final, después de una primera y apasionada indignación, resolví que no vale la pena hacer tanto coraje por un montón de piedra y bronce. Si Mérida quiere dar esa imagen al resto del país, adelante; quizá las estatuas son acertados símbolos de la ideología local.

Pero los argumentos de quienes defienden las estatuas no dejan de irritarme, no tanto porque puedan ser racistas o despectivos (no lo son, sospecho, porque no se atreven a serlo abiertamente), sino por su absoluta falta de lógica y coherencia. El argumento más mentado fue el que parodié en la entrada anterior: que los que se quejan de la estatua no son mayas, y por tanto no tienen derecho a indignarse. Es fácil reducir ad absurdum ese "argumento", y responder que para reconocer, denunciar e indignarse por una injusticia no hace falta pertenecer al grupo que la sufre. Es más, añado, una persona con conciencia moral reconoce la injusticia incluso si pertenece al grupo que la comete.

El otro argumento, de los más mentados por aquí y por allá, es que al fin y al cabo en la historia no hubo héroes ni villanos. Algunos dijeron "Ay, sí, como si Benito Juárez fuera un santo." No, pos no lo era, pero tampoco era un asesino de masas, saqueador, torturador y violador. Un simploncito llegó al extremo de decir que como el Homo sapiens exterminó al Homo neardenthalensis (hipótesis poética que hace muy buenas ficciones, pero que no está comprobada), entonces todos los seres humanos somos unos genocidas, y da igual ponerle estatuas a quien sea.

Repito: no hubo héroes perfectos ni villanos al estilo Disney, pero eso no quiere decir que todos hubiesen sido iguales. De lo contrario, llevando a sus últimas consecuencias ese argumento, ¿por qué condenar a prisión a un criminal? ¿Por qué no condenar a cualquiera, que al fin y al cabo todos tenemos defectos? ¿Por qué otorgarle el Premio Nobel de la Paz a tal o cual persona? ¿Por qué no dárselo a cualquiera ya que nadie es perfecto?

Otro de los argumentos simplones es que la de Conquista fue una guerra y que en una guerra todos se matan unos a otros. Que igual Gonzalo Guerrero mató gente y también tiene su estatua. Pero yo repito que no es igual el que lucha defendiendo a su gente, que el lucha por esclavizar a los otros. Gonzalo Guerrero luchaba por su familia y su patria adoptiva. Montejo sólo quería hacer fortuna.

Un argumento más nos recuerda que los mayas también cometían sacrificios humanos y crueldades con sus enemigos. Y es muy cierto, y en Yucatán honramos nuestra herencia cultural maya, a través del estudio de su historia y le preservación de sus monumentos materiales (las ciudades, sus artefactos y obras artísticas) e inmateriales (su lengua, sus leyendas, su conocimiento). Pero no le hacemos un monumento al cabrón que sacrificaba bebés arrojándolos al cenote.

De la misma manera honramos nuestra herencia hispánica en la preservación del Centro Histórico, en la admiración del arte colonial y en el cultivo de la hermosa lengua que llegó de ultramar. Pero no le hacemos un monumento al cabrón que masacró a cientos de personas.

El último argumento de los simploncitos es que si queremos tumbar la estatua de los Montejo y borrar todo lo que hizo, también habría que destruir el Centro Histórico. ¡Vaya razonamiento! El Centro tiene un valor cultural, histórico y artístico (y es útil: la gente trabaja, vive y comercia en él), la estatua no tiene ningún valor y no sirve para nada (excepto, tal vez, para las palomas). Además, el Centro Histórico representa precisamente esa herencia positiva que queremos conservar, que merece ser conservada.

Etimológicamente, la plabra "criterio" significa "capacidad de emitir juicios". Usemos nuestro criterio para juzgar las acciones de los personajes históricos. Nos daremos cuenta de que algunos de ellos merecen nuestro agradecimiento y reconocimiento, que muchos otros cometieron hazañas y crímenes, errores y aciertos (y que la mayoría de las veces la balanza se inclinará para uno u otro lado), y que, finalmente, muchos merecen nuestro repudio. ¿Dónde creen ustedes que caen los Montejo?

lunes, 8 de noviembre de 2010

¡Entonces, cállese!


ACTO UNO:

Tipín: Los hombres que golpean a las mujeres son uns cobardes y deben sufrir todo el peso de la ley...

Simploncito: Disculpe, ¿tiene usted vagina?

Tipin: Eh... no...

Simploncito: Entonces, ¡cállese!

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ACTO DOS:

Tipín 2: Es indignante que siendo que los gitanos han sido un pueblo perseguido por siglos y que casi fueron exterminados por los nazis, no se les haya dado tanta atención ni se les haya querido compensar...

Simploncito: Disculpe, ¿pertenece usted a la raza romaní?

Tipín 2: Eh... no...

Simploncito: Entonces, ¡cállese!

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ACTO TRES:

Tipín 3: Es una barbaridad que se la haga un monumento a un criminal como Francisco de Montejo, que tantos saqueos y asesinatos cometió...

Simploncito: Disculpe, ¿tiene usted cabello lacio, piel morena y mancha mongólica?

Tipín 3: Eh... no...

Simploncito: Entonces, ¡cállese!

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¿Cómo se llamó la obra? Para reconocer, denunciar, repudiar e indignarse por una injusticia, no hace falta pertenecer al grupo de que la sufre. Es más, una persona consciente repudia las injusticias incluso si pertenece al grupo que las comete.

sábado, 6 de noviembre de 2010

¡Ciencia demente!

Como ustedes saben, soy un maldito freak conocedor del cine de horror de los años 30. El año pasado les presenté mi Top Ocho personal de las películas de horror de Universal Pictures. Este año quiero presentarles una lista de recomendaciones de algunas joyitas que descubrí esta temporada de sustos y difuntos.




Éstas son películas muy extravagantes, en blanco y negro, con científicos locos y monstruos trastornados, que muchas veces son sólo víctimas de las circunstancias, y en fin, con todos los elementos que hacen del cine de horror de esa época una maravilla para chicos y grandes de todos los tiempos. Pero vámonos con las pelis:


DR. X (1932)
Dir: Michael Curtiz

Con: Lionel Atwill, Fay Wray y Lee Tracy



¿Hay algún científico loco en casa? Michael Curtiz, que nos dio ese gran clásico Casablanca, nos trae esta obra maestra del cine extravagante. La trama es deliciosa: la policía, acosada por un molesto periodista (Lee Tracy), investiga los misteriosos "asesinatos de la luna llena" y empiezan a sospechar de los investigadores que trabajan en el Instituto del Doctor Xavier (sí, leyeron bien, "Xavier", como el Profe X, pero 30 años antes). Claro, estos eminentes científicos no son gente común y corriente sino unos malditos engendros: a uno le falta un ojo, a otro un brazo, otro no puede caminar, otro no más tiene aspecto macabro. En fin, todo lo que se espera de un científico loco de los 30.

Lionel Atwill (a quien recordarán como el inspector Krogh de El hijo de Frankenstein), interpreta al Dr Xavier, un brillante científico, pero algo tocado del cerebro, y para disipar las sospechas, lleva a cabo un experimento que resultará peligroso para muchos, incluyendo a su hija (Fay Wray, la diva de King Kong).

Película insólita: ¡está a color! Pero no en technicolor, sino en una muy extraña y primitiva técnica basada en sólo dos colores, por lo que todo se ve verde y naranja. ¡Perfecta para Halloween!


MAD LOVE (1935)
Dir: Karl Freund

Con: Peter Lorre, Colin Clive y Frances Drake




Con ese director y ese reparto ya debería ser suficiente para que se animen a verla. Karl Freund es el gran fotógrafo del expresionismo alemán y director de esa otra joyita La Momia. Peter Lorre es recordado como el asesino de M, y Colin Clive es el mismísimo Dr. Frakenstein. Esta cinta es una adaptación del cuento de Maurice Renard Las manos de Orlac.

El Dr. Gogol es un brillante científico, pero algo tocado del cerebro, que se enamora perdidamente de Yvonne (Drake), una actriz que trabaja en un teatro de lo macabro (en el que se hacen representaciones de asesinatos, torturas y otras delicias). El problema es que Yvonne está casada con Orlac (Clive), un talentosísimo pianista. Pero ¡cáspita! Orlac sufre un accidente de tren y pierde las manos. Yvonne suplica a Gogol que salve la carrera de su esposo y para ello, el científico le hace un transplante de manos. El problema es que las manos son de ¡un asesino experto en lanzar cuchillos!

Pero la trama va más allá de estos detalles estrambóticos: hay mucho, mucho más. Momentos de suma tensión, de verdadero horror y hasta conmovedores. "Yo, un simple campesino, he dominado la ciencia, ¿por qué no puedo dominar el amor?" dice el pobre, pobre, Gogol.

Esta joya, hoy casi olvidada, fue alabada por Charles Chaplin, que dijo que Lorre era el más grande actor vivo de su tiempo. Además, la fotografía, la dirección de cámara y el diseño de producción influyeron grandemente en Orson Wells y su Ciudadano Kane. En fin, una película gigantesca.


THE DEVIL DOLL (1936)
Dir: Tod Browning

Con: Lionel Barrymore, Maureen O'Sullivan, Frank Lawton




Marcel es un brillante científico, pero algo tocado del cerebro, que pretende reducir a cada ser humano al tamaño de una Barbie, para que así los recursos naturales nos duren más tiempo. Marcel es llevado a la cárcel, donde conoce a Paul Lavond (Lionel Barrymore, tío abuelo de Drew y el malvado Sr. Potter en Qué bello es vivir), un banquero incriminado por sus propios socios y condenado por robo y homicidio.

Lavond decide utilizar la tecnología de Maurice para ejecutar su venganza contra sus malvados socios, reivinidicar su nombre y devolver su fortuna a su hija (O'Sulivan). Por ello, traslada las máquinas de Maurice (incluyendo a Malita, su trastornada asistente coja) desde su laboratorio en medio de un pantano, hasta una en apariencia inocente tienda de juguetes. En París, Lavond entonces se hace pasar por una simpática viejecita que fabrica muñecas, en un papel que haría sonrojar a Robin Williams.

Lo demás es simplemente fantástico. Una película tan buena, que no lo creerías por la trama en apariencia tan extravagante. Pero confíen en mí cuando les digo que estúpidamente buena, hasta las lágrimas. ¡Viva Tod Browning!


THE RETURN OF DR. X (1939)
Dir: Vincent Sherman

Con: Wayne Morris, Rosemary Lane, Dennis Morgan, Humphrey Bogart y John Litel


No se confundan: no tiene nada que ver con el Dr. X original. Un periodista (Morris) y un médico amigo suyo (Morgan), investigan una serie de asesinatos en los que las víctimas aparecen sin una gota de sangre en el cuerpo. Las pistas los llevan hasta el Dr. Flegg (Litel), un brillante científico, pero algo tocado del cerebro, y a su asistente, un individuo pálido y macabro, con un mechón blanco a la Tongolele, intepretado por Humphrey Bogart. Sí, leyeron bien: HUMPHREY BOGART. Sí, EL Humphrey Bogart, de Casablanca y El Halcón Maltés. El misterio se complica cuando una de las víctimas vuelve a la vida y una enfermera con un extraño tipo de sangre se convierte en el blanco del asesino.

Buenas actuaciones, un misterio apasionante y suspenso que los tendrá a la orilla del asiento hacen esta película atractiva, por si ver a Bogart haciendo de fenómeno no fuera suficiente.


BLACK FRIDAY (1940)
Dir: Arthur Lubin
Con: Boris Karloff, Stanley Ridges y Bela Lugosi.




Ésta es otra genial historia del magnífico guionista Curt Siodmack, cuya mente nos trajo El hombre lobo. Boris Karloff interpreta al Dr. Sovac, un brillante científico, pero... bueno, ustedes ya saben cómo es eso. Cuando el amigo de Sovac, un humilde profesor de literatura (Ridges), sufre un terrible accidente al verse atrapado en una balacera entre gángsters, el científico no ve otra solución para salvar su vida que poniéndole un cacho de cerebro de un gángster muerto.

Todo parece haber salido bien, hasta que la personalidad del gángster comienza a aflorar y decide tomar venganza en contra de los mafiosos enemigos (el líder de los cuales es Bela Lugosi). Para mayor complicación, cuando Sovac se entera de que el gángster que está en el cuerpo de su amigo tiene escondido un botín de miles de dólares, decide ayudarlo con sus planes.

Thriller psicológico sensacional, en el que brilla la actuación de Ridges, pues lo vemos pasar de un buen hombre a un asesino a sangre fría, de manera tal que al principio de la película dudé de que fueran el mismo actor.


Y ya: ¡Los dejo para que vayan a buscar estas joyitas!

martes, 2 de noviembre de 2010

¡Los muertos caminan!

Aprovechando la popularidad de la serie The Walking Dead (y que es Temporada de Brujas), quiero compartirles esta reseña hace tiempo escribí sobre el cómic del mismo título, y que se públicó en la entonces impresa y hoy digital revista Soma.


En los primeros años del siglo XXI la ficción de zombis experimentó un auge que continúa, tanto en el cine (28 Days Later, Rec), como en el cómic (Marvel Zombies) y hasta en la literatura (World War Zombie, Pride and Prejudice and Zombies). Sin embargo, el zombi se ha convertido en un personaje tipo, casi una mera utilería, y la ficción de zombis se ha consumido tanto a sí misma que parece que la única solución decente es la autoparodia (como en la cinta Shaun of the Dead). No obstante una sobresaliente obra del noveno arte le ha dado un impulso revitalizador al género: The Walking Dead.

The Walking Dead es la obra del escritor Robert Kirkman y los artistas Tony Moore (hasta el séptimo número) y Charlie Adlard (del séptimo hasta la fecha) y ha sido publicado por Image Comics desde 2003. El cómic relata las andanzas de un grupo de personas tratando de sobrevivir en un mundo infestado de muertos vivientes.


Lo genial y novedoso de este cómic no se halla en los zombis (que tienen las mismas características que en las películas de George A Romero), sino en el talento narrativo de Kirkman, que se expresa en una excelente construcción de los personajes y un profundo conocimiento de la psicología y la naturaleza humanas. Por ser ésta una obra de largo aliento (la serie continúa hasta la fecha y el creador ha expresado que no tiene deseos de concluirla jamás), pueden en ella explorarse muchos aspectos que por lo general quedan fuera en otros ejemplos de ficción de zombis. Podemos presenciar, por ejemplo, la evolución psicológica de los sobrevivientes a lo largo de semanas, meses y años, y conocer el cambio que se ha efectuado en el mundo y en la civilización humana desde el comienzo de la plaga de zombis.

No se trata de un cómic de horror, ni de una aventura divertida en la que los lectores podemos disfrutar de ver a los personajes matando zombis a diestra y siniestra. The Walking Dead es un cómic maduro, un drama de supervivencia, una obra de terror psicológico y un ensayo sobre la barbarie a la que pueden descender los seres humanos tras la caída de la civilización con sus normas e instituciones.

The Walking Dead es un cómic realista, a pesar del detalle de que los muertos vuelven a la vida y se comen a los vivos. Es realista porque los personajes son verosímiles, tienen personalidades definidas, sufren, lloran, ríen y se lastiman. No se la pasan corriendo de aquí para allá baleando muertos vivientes, sino que los vemos enfrentándose a un sinnúmero de problemas que nada tienen que ver con los zombis. Los conocemos y los vemos desarrollarse; les tomamos cariño y sufrimos cuando mueren. No son héroes de acción, sino personas comunes y corrientes que logran sobrevivir en gran parte debido a la casualidad. Y lo más importante: son personajes con los que uno puede identificarse. Seguramente más de uno de nosotros se ha sentido frustrado porque los personajes de las películas o de las series no actúan de la forma en la que una persona de verdad lo haría, sino de la manera que más conviene al desarrollo de la trama. Ése no es el caso de The Walking Dead; aquí los personajes reaccionan de forma verosímil.


En The Walking Dead no hay héroes ni niños bonitos. Los personajes llevan las huellas físicas y psicológicas de sus desventuras: tienen cicatrices, pierden miembros, enloquecen. Ningún personaje, por más querido y protagónico que sea, está exento de morir en cualquier momento, y lo más probable es que no tenga una muerte digna y heroica que conmueva a todo el mundo, sino un deceso cruel, horrible, súbito y absurdo, como sucede en la vida real. Y es que al leer este cómic uno no puede dejar de pensar: “Sí, así sería. Si el mundo experimentara una plaga de zombis, sería exactamente como en The Walking Dead”. A eso me refiero con decir que es un cómic realista.

Como en toda buena obra de zombis (que no son muchas las buenas, por cierto), aquí el verdadero peligro no son los muertos vivientes, que apenas son algo más que una molestia. La verdadera amenaza son los otros seres humanos. Cuando cae la civilización y las ciudades y caminos se llenan de cadáveres ambulantes, cada quien ve por sí mismo y está listo para luchar y matar con tal de sobrevivir. Por ejemplo, un arco argumental gira alrededor de un grupo de personas que cazan a los forasteros para comérselos y los protagonistas caen en su mira; no deja de ser irónico que en un mundo lleno de zombis uno tenga que preocuparse porque los vivos no se lo coman. Quizá el autor trata de decirnos que el canibalismo, literal o figurado, forma parte de nuestra naturaleza.

La humanidad desciende, así, hasta la barbarie, y los personajes protagónicos no están exentos de sufrir esta transformación. Los vemos cambiar de personas comunes y corrientes, buenos vecinos incapaces de violar la ley, a seres psicológicamente atormentados, moralmente ambiguos y preparados para defenderse de sus enemigos con toda la crueldad y furia que sea necesaria. Los personajes pierden la cordura, borran sus barreras morales y cometen actos atroces como el asesinato, la tortura y la mutilación. Y es que, como dice el protagonista en una ocasión, “Nosotros somos los muertos andantes”.


La mayor fuerza del cómic radica en su carga filosófica y psicológica. Es más, me atrevería a decir que en cuanto a ensayo sobre el descenso de la humanidad hacia la barbarie, The Walking Dead está muy cerca del nivel de obras como El señor de las moscas, El día de los trífidos o Ensayo sobre la ceguera. Así de buena es.

El arte en blanco y negro es simplemente perfecto para esta serie. Tanto Moore como Adlard son artistas talentosos que saben imprimir a la obra el efecto dramático necesario. Kirkman, por su parte, no sólo es un escritor talentoso, sino un hombre amable y accesible que responde cada mes a los correos que le envían sus lectores. The Walking Dead es, sin duda, una obra destinada a convertirse en un clásico de la literatura gráfica.

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