miércoles, 6 de septiembre de 2017

Manifiesto filosófico contra los eclipses



Siglo XVII, toda la Nueva España está ocupada por el Imperio Español. ¿Toda? Sí, toda. En aquella época una de las figuras más destacadas de la intelectualidad novohispana era don Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700). Una de las mentes más prolíficas y agudas que ha dado este pedazo de tierra al que llamamos México, don Carlos fue filósofo, científico, historiador, arqueólogo, poeta, pariente del barroquísimo Luis de Góngora y, por si necesitaba más credenciales, amigo cercano de Sor Juana Inés de la Cruz.

Y según Once TV, estaba bien papi.

En 1680 un cometa se dejó ver por el cielo. Lo cual, como se podrán imaginar, causaba pánico entre los habitantes de la Nueva España. Desde hacía siglos, los cometas habían sido vistos como portentos, señales de mal agüero, anuncios de tragedias por venir, castigo divino y ese tipo de cosas. El interés en los cometas, como en los demás fenómenos del firmamento, partía más de la astrología (es decir, magia) que de la astronomía (¡ciencia, nena!).

Entra en escena don Carlos, quien, harto del mame en que caía todo mundo, decidió aventarse un texto explicándole a la bandita que no, güeyes, que el cometa no es nada mágico ni nada a lo que había que temer, sino un fenómeno natural que puede comprenderse mediante la ciencia. Así, de 1681 tenemos el Manifiesto filosófico contra los cometas despojados del imperio que tenían sobre los tímidos. La última parte del título es lo que más me gusta, porque don Carlos dice claramente que va a quitar a los cometas el poder que tienen sobre los miedosos.



Resulta que en ese tiempo estábamos viviendo uno de los acontecimientos más importantes de la historia de Occidente: ¡la Revolución Científica! Junto a Galileo, Kepler, Bacon, Hudgens y Harvey estaba uno de los más importantes científicos de esa época: Edmund Halley (1645-1742). Unos años más tarde, fue Halley quien en 1705 determinó que cierto cometa visto en 1682 (el siglo XVII fue pródigo en cometas) no era un objeto nuevo, sino que aparecía con regularidad en el cielo. Halley determinó la periodicidad de ese cometa de forma que sería posible saber cuándo aparecería la próxima vez (pasa cada 76 años, la próxima será en 2061). En su honor, el cometa lleva el nombre del astrónomo.

Pero aunque faltaban años para que Halley revelara sus descubrimientos, don Carlos estaba bien enterado de los avances científicos más importantes de la época y siendo él mismo un estudioso, su propósito era exponerlos al público (al que supera leer, claro... que no eran muchos). Su texto es importante porque marca una diferencia entre la superstición de la astrología y la ciencia de la astronomía. Claro, esto no gustó a todo mundo.



El famoso padre jesuita Eusebio Kino, a quien le debemos el vino más barato del país, escribió un texto defendiendo la visión tradicional con su Exposición astronómica del cometa, en la que acusaba directamente a Sigüenza de no seguir las enseñanzas del angélico doctor santo Tomás de Aquino, quien ya había establecido con toda su autoridad que los cometas eran enviados por Dios mismo para alertar a la humanidad de las desgracias venideras.

Don Carlos le respondió con un tratado científico en cuerpo y forma, Libra científica y filosófica, uno de los textos más importantes para entender el desarrollo de la Revolución Científica de este lado del charco. En efecto, la obra de don Carlos es una muestra de cómo la mentalidad de la gente educada comenzaba a abandonar el dogmatismo de la escolástica religiosa y encaminarse hacia el racionalismo que sería la marca intelectual de la siguiente centuria, el Siglo de las Luces.



¿A qué viene todo esto? Bueno, hace un par de semanas, específicamente el 21 de agosto del 2017, el mundo presenció otro fenómeno astronómico: un eclipse solar. Los eclipses solares son algo verdaderamente espectacular. Especialmente si vives en la región del mundo en la que la luna, al pasar frente al sol, logra taparlo casi por completo, y así el día se transforma momentáneamente en noche.

Dado que la luna es muuuucho más pequeña del sol, esto sólo se aprecia bien desde cierto ángulo (prueba tapar el sol con tu pulgar; te mueves tantito para un lado y ya no lo estás tapando). No obstante, con ayuda de cristales y filtros especiales, en esos otros lugares del mundo (como México) fue posible apreciar el disco lunar pasando frente al astro rey, lo cual era en sí fascinante.


El eclipse tal como se vio desde Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

Dado lo especiales que son, los eclipses han sido momentos oportunos para estudiar el cosmos y así a lo largo de la historia muchos científicos han hecho importantes descubrimientos, desde Hiparco de Nicea, quien en el siglo II a.C. calculó con mucha precisión la distancia entre la Tierra y la Luna; pasando por el ya conocido Halley, quien determinó que el movimiento de rotación de nuestro planeta se había reducido desde tiempos antiguos, y hasta el famoso eclipse de 1919 durante el cual Arthur Eddington pudo comprobar el postulado de Albert Einstein, según el cual la fuerza de gravedad afecta también a los rayos de luz estelar.

También son oportunidades perfectas no sólo para contemplar un espectáculo muy poco frecuente, sino para acercar al gran público al fascinante universo de la astronomía, para impulsar en nuestros niños y jóvenes la curiosidad por aprender sobre las maravillas del cosmos y el porqué las cosas pasan como pasan.

Trayectoria del eclipse de 2017

O para paniquear por tonterías sin sentido, según cada quien. Porque resulta que esto del eclipse también generó miedos supersticiosos y se decía que la radiación, las "energías" y los rayos ultravioleta serían más fuertes y podría afectar a las mujeres embarazadas ¡dependiendo de los colores que usaran! Pero que las mujeres embarazadas podrían evitarlo usando prendas rojas y alfileres. ¿Fuentes? Cosas en Facebook que la gente comparte sin verificar porque no tiene criterio. 

Pos claro que esas creencias no tienen ningún sustento y quién sabe de dónde salieron. Ni el eclipse iba a emitir radiaciones peligrosas y si las fuera a emitir los colores de tu ropa y los alfileres no te salvarían.

Por lo menos una de esas publicaciones parece haber iniciado en tono de broma o sarcasmo, pero fue compartida muy sinceramente por toda clase de crédulos en Facebook. La parte en la que dice que "toda la comunidad científica del país (aproximadamente 7 personas)" debía darles la pista de que el asunto era guasa. Pero no, en tiempos de posverdad todo puede ser creído y todo puede ser descreído a según el estado de ánimo y los gustos de cada quien.



Lo más triste fue cuando el mero día del eclipse empezaron a aparecer las fotos de orgullosas mamás presumiendo que ya estaban listas, protegiendo a sus bebés con prendas rojas y alfileres. Pero no, señora, su hijo ya está condenado porque será criado por una tonta supersticiosa.

Sobra decir que tampoco es cierto que los niños que nazcan durante un eclipse sean superdotados (me atrevería a apostar que teniendo progenitores que crean eso, difícilmente tendrán inteligencias sobresalientes...). Y habrán notado que eso de que podías bajar varios kilos durante el eclipse fue una tontería. ¿Eh, gorditos?

Queridos habitantes de la Nueva España: el movimiento de los cuerpos celestes no afecta de forma alguna los asuntos humanos. No hay "energías" (concepto que los que lo usan no pueden ni definir) que provengan de los planetas o las estrellas y que afecten nuestra personalidad, nuestro destino ni nada de eso. Ni siquiera los fenómenos astronómicos inusuales como la aparición de cometas o los eclipses es capaz de provocar malformaciones, enfermedades ni locura. Los astros están tan lejos que cualquier influencia que pudieran tener (por la gravedad o la radiación, cosas que sí existen) quedaría anulada por la influencia del cuerpo más cerca a nosotros: la Tierra, nuestro planeta.



Pero parecería que muchos de nosotros siguen viviendo en tiempos premodernos, que la Revolución Científica no pasó por sus barrios. Vaya, si hasta el secretario de educación de Coahuila instruyó a los maestros para que no dejaran a salir a sus alumnos durante el eclipse y no fueran a correr "riesgos innecesarios". Tal parece que una buena parte de este país sigue tan perdida como los habitantes de la Colonia durante el siglo XVII, y que no importan cuantos "manifiestos filosóficos" se dirijan a combatir estas creencias, éstas hallarán a sus defensores y sus crédulos (incluso usando las herramientas creadas por la ciencia para socavarla). Perdónenos, don Carlos, le fallamos.

Para saber más:

Carlos de Sigüenza y Góngora: las letras, la astronomía y el saber criollo
El poder revelador de los eclipses
Los mitos más difundidos en México sobre el eclipse
Einstein tuvo que esperar a que un eclipse confirmara su teoría
Escepticcionario: Astrología

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