viernes, 2 de marzo de 2018

Las grandes civilizaciones de África. Parte I



Medio mundo anda flipando con la película de Black Panther (lean mi reseña aquí) y me pareció una buena oportunidad para hablarles de los Wakandas de la vida real, las grandes civilizaciones del África precolonial. Esto es, antes de que los europeos llegaran y lo jodieran todo.

Estamos acostumbrados a pensar en África como un continente salvaje, lleno de tribus semidesnudas que se quedaron en la Edad de Piedra viviendo en la selva y la sabana (pigmeos, caníbales y así), o de dictaduras militares tercermundistas con déspotas locos que se quieren comer al joven Charles Xavier. 

Esta visión, por supuesto es terriblemente eurocentrista y despectiva, producto de dos puntos de vista típicos del pensamiento occidental sobre los demás pueblos. Están por un lado quienes los ven a todos como salvajes primitivos, cuando mucho necesitados de que vayan y los civilicen. Por otro están los románticos del "buen salvaje", que se imaginan a las culturas tradicionales viviendo felices en sus chocitas de guano como hippies sin problemas y buscando lo más vital nomás. Ambos son puntos de vista errados y condescendientes, pues la verdad es que los grupos humanos de todo mundo tienen el mismo potencial de producir héroes, genios y tiranos.

Para quitarnos estas nociones de la cabeza, acompáñenme en un recorrido por algunas de las civilizaciones africanas más impresionantes. Hablaremos de reyes y reinas que llevaron a cabo hazañas legendarias, ciudades de piedra ricas en monumentos y ejércitos que forjaron algunos de los imperios más ricos de su tiempo.

Vamos a dejar de lado a las civilizaciones de Egipto y Cartago, porque son bastante bien conocidas, y porque, junto con los reinos bereberes del norte de África, su historia y sus culturas forman más bien parte del mundo del Mediterráneo.

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La cultura Nok
(siglos X a.C. - V d.C.)




Probablemente la civilización más antigua del África subsahariana. Recibe su nombre de la aldea de Nok, en Nigeria, donde fueron hallados sus primeros restos. Esta cultura floreció en una época que corresponde a los últimos 1,500 años de la Edad Antigua y fue contemporánea de los grandes imperios del Mediterráneo, aunque no hay evidencias de que haya tenido contacto con aquéllos.

Lo más sorprendente de la cultura Nok es que parece haber dado el salto desde el Neolítico hacia la Edad de Hierro en cosa de un parpadeo, sin pasar por las respectivas edades de cobre y de bronce, y hasta la fecha no se sabe si es que lo aprendieron de alguien más, o es que más probablemente lo descubrieron solitos.



Uno de los rasgos más llamativos de esta cultura eran sus figuras de terracota, hechas con gran maestría. También eran hábiles trabajadores del hierro. La vida de una aldea Nok giraba en torno a dos cosas: la agricultura y la fragua, ya fuera para cocer la cerámica y la terracota o para fundir el hierro.

Los Nok tenían un sistema agrícola altamente sustentable en el que mezclaban en un mismo terreno los cultivos de grano con árboles silvestres de diferentes especies. Esta diversidad ayudaba a impedir que el suelo se agotara y que la tierra se erosionara. No es de extrañar que la cultura Nok lograra florecer durante 1,500 años. Lo extraño son las circunstancias de su desaparición. Hacia el año 500 se desvaneció por causas aún desconocidas.



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El Reino de Kush
(siglos XI a.C - VI d.C.)



Ubicado en lo que hoy es Sudán, la historia de este reino estuvo marcada por sus relaciones con el vecino Egipto. Dos mil años antes de Cristo los egipcios ya estaban en guerra con las gentes de la región a la que llamaron Kush, y que se conoce con el nombre histórico de Nubia, en donde existió un reino todavía más antiguo llamado Kerma (que se desarrolló entre los siglos XXV y XV a.C.). 

Para el siglo XVI a.C. Kush era efectivamente una colonia egipcia, administrada por un virrey. Los egipcios extraían recursos naturales de este reino, especialmente oro, y los guerreros kushitas servían en el ejército de los faraones. La influencia cultural de Egipto fue enorme en Kush, que adoptó a los mismos dioses del país del Nilo.



Pero en el siglo XI el Imperio Egipcio entró en decadencia y se desintegró como parte del Colapso de la Edad del Bronce, una serie de catástrofes civilizatorias en las que todo el Mediterráneo oriental  desde Troya hasta Babilonia valió madres monumentalmente. Kush se convirtió en un reino independiente.

Con su capital en Napata, e influencias tanto de Kerma como de Egipto, los kushitas formaron una sociedad próspera y estable, con grandes arquitectos, orfebres y escultores. Construyeron pirámides funerarias con un estilo particular, distinto al egipcio. 

Cuando llegó el momento, conquistaron incluso a sus antiguos amos: los kushitas tomaron el control de Egipto hacia el siglo VIII a.C. y reunificaron el imperio bajo una nueva dinastía que reinó durante un siglo y que es recordada como una que dio buenos faraones. Esto fue así hasta que la dinastía kushita fue depuesta por una invasión proveniente del Imperio Asirio. Los kushitas volvieron a su reino natal, donde siguieron manteniendo su independencia por muchos siglos más, con su nueva capital en Meroë a partir del siglo VI a.C. Mientras, al norte, Egipto pasó a ser conquistado por los persas, los macedonios y finalmente los romanos.



Roma y Kush sostuvieron una guerra hacia el siglo I a.C. Bajo el liderazgo de la kandake (reina) Amanirenas, los kushitas atacaron enclaves romanos en Egipto; a su vez, los romanos saquearon Napata, pero eso no tuvo gran impacto, porque para entonces la capital del reino ya era Meroë. La feroz resistencia de Amanirenas obligó a los romanos a negociar un tratado de paz con términos bastante favorables para los kushitas. Desde entonces, Kush y Roma establecieron relaciones comerciales.

Sin embargo, para la era cristiana el Reino de Kush empezó a declinar. Las constantes guerras con Roma la debilitaron, y el avance del cristianismo erosionó la religión nacional, que era la base de todas sus instituciones. Hacia mediados del siglo VI, Kush se disolvió en varios reinos menores.



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El Imperio de Aksum
(siglos I al X)



Ubicado en lo que hoy es Eritrea y el norte de Etiopía, el reino de Aksum surgió a partir de una civilización más antigua, Damot (que floreció entre los siglos X y V a.C.), tras el declive de Kush. Su capital era la ciudad de Aksum, pero también había otros importantes centros urbanos. En su apogeo llegó a dominar territorios en los actuales países de Eritrea, Etiopía, Sudán, Somalia, Djibouti, Egipto, Yemén y Arabia Saudita.

Con su ubicación privilegiada en el Cuerno de África, controlaba el acceso al Mar Rojo, lo que le permitió convertirse en un punto comercial de vital importancia en los últimos siglos de la Antigüedad y los primeros de la Edad Media. Controlaba el tráfico de especias que llegaban desde la India hasta el Imperio Romano. Fue considerado uno de los cuatro grandes imperios de su tiempo, junto a Roma, Persia y China.



Aksum desarrolló su propio alfabeto, acuñaba sus propias monedas y tenía un estilo arquitectónico único. Esta civilización es famosa por las estelas y obeliscos que construía en honor a sus reyes y personajes importantes, siendo el más célebre el del rey Ezana, quien en el siglo IV declaró el cristianismo como religión oficial (por lo cual es un santo en la Iglesia Oriental).

En el siglo VI, el rey Kaleb de Anksum envió expediciones a Yemén para ayudar a los cristianos perseguidos por el reino judío de Himyar (Kaleb también es santo). En el siglo VII el reino acogió a los primeros musulmanes que huían de Arabia perseguidos por los coraichitas.

 


En general el reino mantuvo buenas relaciones con sus vecinos musulmanes, pero bajo los califatos Omeya y Abasí, Aksum vio cómo todos a su alrededor se convertían al Islam y se quedaba cada vez más y más aislada. La expansión de los califatos obligó al reino a retirarse cada vez más hacia el interior mientras perdía sus territorios costeros.

Parece ser que Aksum fue finalmente destruida por la invasión de una reina extranjera llamada Gudit, quien arrasó las iglesias cristianas y quemó obras de la literatura aksumita. Según la tradición era judía, pero es más probable que perteneciera al pueblo sidama, nativo del sur de Etiopía, y que en ese entonces aún practicaba el paganismo.



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El Imperio Wagadu
(siglos VIII-XIII)



En la Edad Media surgió este imperio en lo que hoy es Mauritania y Malí, más allá del desierto del Sahara, ubicado en un enclave importante en las rutas comerciales que unían el norte y el oeste de África. Sabemos de esta civilización principalmente por las fuentes árabes, quienes llamaron Ghana al reino de los wagadu; Ghana era el título de sus monarcas, y no tiene nada que ver con el actual país de Ghana.

El mejor relato que tenemos viene del sabio hispanoárebe Al-Bakri, quien visitó el reino en el siglo XI. Habla de dos grandes ciudades de piedra en la llanura mauritana, una de las cuales sería la capital Kuombi Saleh. Además, había también varias aldeas.

Los reyes wagadu eran espectacularmente ricos, pues el comercio de oro era una de sus principales actividades. Por ley, todo el oro de la región era propiedad del monarca, y a la población sólo se les permitía tener oro en forma de polvo. Eran reyes espléndidos, amistosos con los extranjeros, como buenos comerciantes.




Según A-Bakri, el palacio del rey estaba fortificado con murallas de piedra, adornado con esculturas y pinturas, e incluso poseía ventanas de cristal, un lujo extraordinario para la época. En él podía recibir a 10 mil invitados, y además tenía sirvientes, pajes, perros, caballos y camellos. El soberano vestía seda y su corona era un sombrero de oro y algodón.

Su influencia se extendía más allá de sus propias fronteras. Sus productos llegaban hasta el Magreb y su fama está registrada por historiadores persas. Por razones no del todo claras, el Imperio de Ghana empezó a declinar en el siglo XIII. Es probable que los ataques por parte de los almorávides del Magreb contribuyera a su caída. De cualquier forma, pronto sería sucedido por un imperio aún más espléndido: el de Malí.


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El Reino de Zimbabwe
(Siglos XIII-XV)



Pero antes vámonos muy al sur para conocer la civilización de Zimbabwe. Fue construida por el pueblo kalanga, más específicamente por colonos o emigrantes del reino de Mapungubwe, que floreció entre los siglos XI y XIII, donde los kalanga desarrollaron por primera vez el arte de la construcción de piedra. 

En idioma kalanga, Zimbabwe significa algo así como "grandes casas de piedra", un rasgo cultural característico de los reinos que fundaron, como los posteriores Butua y Mutapa. Fue en tiempos de Zimbabwe que sus artes arquitectónicas alcanzaron su apogeo, y además este reino fue más extenso que los que le sucedieron.



El reino era rico en oro, hierro y cobre, y obligaba a sus estados vasallos, más de 150, a pagarles tributo. Además controlaban el comercio de marfil y oro desde el interior del continente hasta la costa del Océano Índico, a través del cual comerciaban con Asia y el mundo árabe. En los sitios arqueológicos se han encontrado productos provenientes desde lugares tan lejanos como la India.

En el siglo XV el príncipe Nyatsimba Mutota viajó al norte, donde conquistó tierras y estableció su propia dinastía, con lo que daría inicio al reino de Mutapa. Éste prosperó rápidamente y pronto eclipsó a Zimbabwe, que para inicios del siglo XVI ya había sido abandonada. Al sur, mientras tanto, se desarrolló el reino de Butua. Ambos fueron continuadores de la cultura de Zimbabwe, aunque no eran tan duchos en el arte de las construcciones en piedra. Con el tiempo pasaron a ser absorbidos por el Imperio Rozwi en el siglo XVIII, pero ésa es otra historia.

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El Imperio de Malí
(siglos XIII-XVII)



Éste fue uno de los imperios más gloriosos de África, tan pro que hasta sale en el Age of Empires II: The African Kingdoms. El imperio se extendía a lo largo del borde sur del desierto del Sahara, desde el río Níger hasta las costas del Atlántico. La región de Malí tiene una larguísima historia; habitada desde el año 10 mil a.C, aún hoy cuenta con vestigios de diversas culturas que se desarrollaron a lo largo de los milenios.

El primer rey de Malí inició como un pequeño reino alrededor de la ciudad Niani, fundado por pobladores de habla mandinga. En el siglo XIII la ciudad había empezado a dominar las regiones circundantes, incluyendo al vecino Imperio Sosso, y en cosa de un siglo había logrado su máxima extensión.




Aunque sus capitales políticas fueron Niani y, a partir del siglo XVI, Kangaba, sin duda la ciudad más famosa del imperio fue la legendaria Timbuktú, ésa que ha pasado a ser sinónimo de "lugar lejano que quién sabe dónde demonios está". Bueno, pues está en Malí, en el corazón del África occidental, y era tan célebre que las crónicas de reinos lejanos en Europa y Medio Oriente hablaban de ella con asombro.

La historia de Timbuktú, de hecho, antecede y va más allá de la del Imperio de Malí, pero fue durante la etapa imperial que alcanzó la gloria con la que sería conocida. Es que Timbuktú era la capital cultural no sólo del imperio, sino de toda la zona; una especie de Alejandría medieval en el corazón de África, hogar de sabios y filósofos, casa de una célebre universidad y de grandes colecciones privadas y públicas de manuscritos invaluables. Por desgracia, muchos de esos manuscritos fueron destruidos en 2013 por un grupo de putos yihadistas de mierda. El erudito Abdel Kader Hadara encabezó un heroico esfuerzo para salvar la mayor cantidad de manuscritos posible, que ahora se consideran "bibliotecas en el exilio".



Fue el mansa (rey) Musa I quien se anexó pacíficamente la ciudad de Timbuktú en 1324, transformó el centro de estudios en una universidad en forma, construyó un palacio real y la famosa mesquita de Djinguereber (proyectos para los que mandó a traer arquitectos desde Egipto y Andalucía). Musa fue el primer mansa devoto del Islam; de hecho, fue durante el viaje de regreso a su peregrinación a la Meca que decidió anexarse Timbuktú. Musa tenía fama de hombre sabio y culto,  gran lector, que dominaba el árabe además de la tradicional lengua mandinga de su gente. Aunque era un musulmán muy devoto e hizo esfuerzos por promover el Islam entre sus súbditos, siempre respetó la tradición real de nunca imponer las creencias religiosas desde el gobierno.

Musa fue también un gran conquistador, que sumó a su imperio unas 24 ciudades. Además, durante su reinado Malí se convirtió en el principal productor de oro de todo el mundo y él mismo fue el hombre más rico de su tiempo, y es probable que no haya habido en la historia nadie tan rico como él en relación a sus contemporáneos.



Para el siglo XV el poder de Malí empezaba a declinar, y surgieron estados rivales, como el Imperio Songhai, que le arrebató Timbuktú en 1469. El Imperio Songhai se la pasó muy chido durante algún tiempo, pues se hizo con el control de las rutas comerciales del Sahara y llegó a ser otro de los imperios más grandes de África, pero valió madres en el siglo XVI cuando los marroquíes llegaron con armas de fuego y les pusieron una madriza colosal. Así fue como llegaron los mosquetes a la región.

Irónicamente, Malí sobrevivió al Imperio Songhai por cosa de un siglo, pero el trancazo había sido tal que, tras unos dolorosos años de decadencia, el imperio finalmente se disolvió durante el siglo XVII, tras el devastador saqueo de Niani por parte del pueblo bambara.



En la próxima entrada conoceremos otras civilizaciones africanas, las que vivieron en los años del ocaso del continente, cuando llegaron lo europeos...

Continúa en la Parte II


Fuentes:

National Geographic: Black Pharaohs
Black History: The Kingdom of Kush
Newsela: The Rise and Fall of the Aksum Empire
BBC: West African Kingoms
The Strange Continent: Great African Empires
Wikipedia: African Empires

5 comentarios:

Luis Valois dijo...

Excelente 5trabajo.

Luis Valois dijo...

Excelente Trabajo.
Felicitaciones.

The Guy In The Corner dijo...

Muy buena entrada Ego. Concuerdo en que es importante acabar con la errada percepción de que Africa ha sido un continente de salvajes. Sin embargo, encuentro que (incluso con el conocimiento de que hubo grandes y prósperas civilizaciones e imperios) los avances de los reinos sigue siendo opacado por aquellas civilizaciones de Asia y Europa. Por ejemplo, tu bien dijiste que algunas civilizaciones aprendieron a manejar el metal y a trabajar las tierras de tal forma que los nutrientes no se perdieran. Pero estamos hablando de logros que podrían empalidecer con los logros en navegación, astronomía, estrategias bélicas, logros arquitectónicos y avances científicos de (por nombrar algunas otras civilizaciones) los Romanos, Griegos, Persas o de las dinastías chinas (previas a la Ming). Por ejemplo, pasa algo similar con las civilizaciones andinas y mesoamericanas, las cuales evidentemente estaban constituidas por poderosas y muy prósperas naciones, pero al final no estuvo ni de cerca a los avances en armamento, navegación, medicina y agricultura de los colonos europeos.
Me gustaría saber si piensas que esta podría ser la razón por la que Africa es visto como una tierra un tanto atrasada, no tanto porque no hayan tenido logros que merezcan ser reconocidos, sino que fueron alcanzados en mayor medida y mucho antes por otras civilizaciones en otras partes del mundo.

Anónimo dijo...

It is still a shithole....

Maik Civeira dijo...

Hola, Luis y The Guy, gracias por sus comentarios.

The Guy, respecto al relativo atraso tecnológico de las civilizaciones africanas, un clásico enfoque histórico puede explicarlo: las condiciones naturales no eran muy propicias para ello. La existencia de recursos naturales de fácil acceso, o de accidentes geográficos que dificultan la comunicación, y por lo tanto, el intercambio cultural, son factores clave. Checa:

https://es.wikipedia.org/wiki/Armas,_g%C3%A9rmenes_y_acero

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