martes, 13 de marzo de 2018

¡Wakanda por siempre!




Ahora sí, porque ya se las debía, mi reseña sobre Black Panther. Sin sorpresas: es excelente. No sé si pueda decir que es la mejor película del MCU (les tengo mucho cariño a Iron Man y The Avengers), pero definitivamente está en el top 5. Es que esta entrega hace bien mucho de lo que las demás hacen mal.

¿Villanos genéricos y olvidables? Pásenle a ver uno de los villanos más interesantes del cine de los últimos años. ¿Humor bobo y chabacano? Disfruten una película con humor equilibrado junto a muchas otras emociones. ¿Personajes femeninos relegados a segundo plano? Tenga aquí no una, ni dos, sino tres mujeres chingonas. ¿Tramas formulaicas y repetitivas? Aquí podrán sumergirse en un conflicto verdadero a nivel personal y social. ¿Están hartos de que los héroes enfrenten ejércitos de esbirros desechables y sin alma? Aquí serán testigos de un desgarrador enfrentamiento fratricida.

Lo primero que impacta en esta película es lo que en anglosajón se llama world building, la creación de mundos. En Wakanda se nos presenta no solamente un país ficticio, sino un mundo fantástico con su propia historia, cultura y tradiciones. Visualmente está construida, desde el vestuario hasta la arquitectura, siguiendo la estética del “afrofuturismo”. Éste retoma estilos y símbolos del arte de las diferentes culturas africanas y les da una reinterpretación cienciaficcionera.



Mientras veía el trabajazo que se aventaron para crear a Wakanda, me encontré deseando que las películas de Thor hubieran sido más así; que su potencial para explorar un mundo fantástico y construir aventuras épicas no hubiera sido saboteado por la necesidad de anclar la historia a la Tierra (en la primera y la segunda) o por el afán de convertirla en una farsa autoparódica (como en la tercera).

Las mejores películas de superhéroes han demostrado que el subgénero funciona mejor cuando se mezcla con otro. O sea, The Dark Knight es un thriller policiaco; The Avengers es una épica fantástica y The Winter Soldier es como una película de espías. Black Panther es sobre todo es una fantasía heroica que sigue el arco tradicional para el héroe mítico, incluyendo su caída (muerte simbólica), el cuestionamiento de su identidad (qué tipo de rey habría de ser) y su regreso triunfal (resurrección).

Tampoco sé si el Killmonger de Michael B. Jordan es el mejor villano de Marvel. Le falta el carisma del Loki de Tom Hiddleston y la presencia del Buitre de Michael Keaton. En cambio, lo más interesante del personaje son su origen y sus motivaciones, así como el conflicto con nuestro héroe, T’Challa, interpretado por Chadwick Boseman.



Erik Stevenes, alias Killmonger, representa una clase de villano que sólo habíamos visto en Magneto, de la saga de ­X-Men, uno cuya motivación principal es la venganza contra aquellos que han oprimido a su gente. Quiere la liberación para los suyos y el castigo para los opresores. Sus ideales son nobles y en otras condiciones podría haber sido un héroe. ¿Qué es lo que lo convierte en un villano?

Consumido por una sed de venganza contra los victimarios, más que guiado por un deseo de justicia para las víctimas, Killmonger carece de lealtad o vínculos con seres humanos concretos, por lo que fácilmente desecha a aliados, amigos e incluso a una amante. Sobre todo, en su afán de provocar una guerra racial global, pierde la oportunidad de encontrar la paz en una hermosa tierra y el amor de una verdadera familia (en cuya alianza quizá habría podido llevar a cabo sus ideales emancipatorios).

Como bien se ha señalado, el arco de T’Challa en realidad empieza en Civil War (otra de las mejores del MCU), en la que su padre, el rey T’Chaka es asesinado por Zemo. T’Challa, en la creencia de que el asesino es Bucky Barnes, experimenta de primera mano el deseo de venganza, pero tras conocer la verdad, y atestiguar cómo los Avengers se destruyen desde dentro, emerge de esta aventura con la valiosa lección de que el anhelo de venganza puede llevar a ciclos interminables de violencia y sufrimiento. Ese aprendizaje es lo que le permite enfrentarse al reto que supone Killmonger.



En la mayoría de las películas de superhéroes, sobre todo las del MCU, el villano es una fuerza externa a la que el héroe debe superar en poder o astucia para detenerla. En Black Panther el antagonista surge como resultado de lo que está mal en la sociedad a la que él héroe protege, y su confrontación provoca un cambio, un crecimiento, en el héroe y, en consecuencia, en su comunidad misma.

Killmonger, habiendo crecido en California, no sólo vivió en carne propia lo que es crecer como un muchacho negro sin padre en un barrio pobre de los Estados Unidos, con todas las dificultades que ello implica (su padre las enumera: encarcelación masiva, pobreza, drogas, violencia). Sino que además, al ser hijo de una mujer afroamericana, es descendiente de esclavos y lleva consigo un bagaje de opresión histórica que nadie en Wakanda conoce.

Esta utopía africana había dado la espalda al mundo durante siglos; en su burbuja podía darse el lujo de hacerlo. El reino de Wakanda es como los negros privilegiados a quienes el racismo sistémico les toca muy poco. Esto es, hasta que las consecuencias de esa ceguera voluntaria les estallan en la cara. Aunque hay que reconocer que, antes de la irrupción de Killmonger en Wakanda, la agente Nakia (interpretada por la bella y talentosa Lupita Nyong’o) ya había advertido de la responsabilidad que su reino estaba dejando de lado al no ayudar a sus vecinos.



Pero hay un dilema muy real: por un lado, el aislacionismo de Wakanda deja indefensas a las personas de raza negra en todo el mundo, para quienes tiene un deber moral. Pero por otro, es el aislacionismo lo que ha permitido a este reino prosperar y desarrollarse, y si se hubiera abierto al mundo demasiado pronto, podría haber sido destruido por las naciones colonialistas.

T’Challa al final tiene que tomar una decisión. Resuelve abrir Wakanda a todas las naciones del mundo, empezando con un centro de asistencia para afroamericanos en California, donde nació y creció su primo. Con un mensaje muy relevante para el clima político actual, T’Challa nos dice que “los sabios construye puentes y los necios levantan barreras”.

Esto, junto con los refugiados asgardianos de Ragnarok, tiene el potencial de cambiar para siempre la Tierra del MCU, de modo que espero que esto no se quede en un Reed Richards es inútil. Éste es un cliché típico de los cómics, en los que la presencia de superhéroes, extraterrestres, magia y tecnología futurista tiene un impacto mínimo sobre el escenario en el que se desarrollan sus historias, que sigue siendo un espejo del mundo real contemporáneo.

Si los elementos fantásticos de los cómics realmente tuvieran consecuencias en el desarrollo de su mundo, pronto quedaría irreconocible y sería difícil continuar la narración, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un medio en el que se espera que las historias de sus héroes continúen por siempre. Se necesitaría de mucho coraje para hacer con el MCU lo que Christopher Nolan hizo con su propia saga de Batman: darle un final. Deseo, sin mucha esperanza, que no les gane la codicia y lo hagan, en vez de prolongarse hasta que se les agoten las ideas y la dignidad.



Black Panther ha sido un éxito en crítica y taquilla. No es de extrañar, porque no sólo es una muy buena película, sino que es una película muy importante. Estrictamente hablando no es el primer superhéroe negro en el cine, ¡pero vamos! Blade se lee más como una cinta de acción que de superhéroes (pregúntele a sus amigos no comiqueros si sabían que se basa en un título de Marvel). Ni quien se acuerde de Hancock y dudo que alguien quiera sacar del bote de basura a cosas como Meteor Man  o Steel. Personajes como War Machine y Falcon son chidos y es bueno que estén presentes en el MCU, pero no dejan de ser patiños de los héroes titulares. Ni siquiera Storm tiene tanto protagonismo como Wolverine.

T’Challa no sólo es un protagonista negro en una película de superhéroes; es el protagonista en una fantasía heroica ubicada en un mundo inspirado en la grandeza de las civilizaciones africanas. No sólo es una en la que tres mujeres tienes papeles de gran importancia: Nakia, Okoye y, por supuesto, la adorable Shuri (éstas dos últimas interpretadas por Danai Gurira y Letitia Wright, respectivamente), sino que ellas, y todos los personajes principales, salvo dos, son negros. Estamos hablando de un blockbuster que lleva por título el nombre de un movimiento político radical y revolucionario, que por alguna coincidencia cósmica nació el mismo año que nuestro superhéroe.

Afrodescendientes en todo el mundo están entusiasmados con esta película. Black Panther ha derrumbado el prejuicio que tienen los grandes estudios contra invertir en superproducciones protagonizadas por negros (el año anterior Wonder Woman hizo lo propio con las superheroínas). Activistas están usando la película para incentivar a los afroamericanos a registrarse para votar, y atletas negros ya están usando el saludo wakandiano como señal de orgullo.



Y es que #RepresentationMatters, la representación importa. ¿O a poco nosotros, chavos flaquitos y nerdosos, no nos emocionábamos cuando el héroe de una historia era un chavo flaquito y nerdoso? Digo, antes de que se volviera un cliché ridículo… Y que dejáramos de ser chavos… Y que engordáramos tanto… Porque nerdosos seguimos siendo… U.U

No deja de ser llamativo que las tres mejores películas de superhéroes de los últimos años hayan estado protagonizadas por una mujer que proviene de una utopía feminista, un hombre que proviene de una utopía africana, y un anciano todo jodido que sobrevive en la distopía hacia la que se dirige el mundo actual. Cuando parece que el género de superhéroes se está agotando, una vez más demuestra su capacidad para renovarse y encontrar formas para tener inesperadas calidad y relevancia. Son tiempos interesantes para ser friki.



2 comentarios:

JacobJo GaGu dijo...

Ya estaba empezando a creer que no la habías visto.

Siempre he sido muy fan del MCU y está tiene que ser la película con la temática más profunda. T'Chaka, amado y amoroso, estaba mal, siempre estuvo mal, porque hasta las buenas personas se equivocan, y aunque hayan muerto no hay que idealizarlos.

T'Challa al final (con ayuda) pudo ver que lo correcto era avanzar con los tiempos, que porque ciertas tradiciones existan desde hace miles de años no necesariamente quiere decir que sean correctas. Y no es la primera vez en el MCU que se da el mensaje de que el que tiene el poder de ayudar al desvalido está en la responsabilidad de hacerlo.

jose loayza dijo...

Marvel tiene cierta ventaja sobre Dc, al tener heroes mas humanos y con problemáticas del pasado si, pero tocadas en temas actuales.
Si dejar de lado que dc dejo de lado la humanidad de Superman, por ponerlo como dios directamente.

Solo le toca abordarlos bien, dejando la religiones de lado, Thor y el Apocalipsis es totalmente opuesto a Pantera Negra y pueden hacerlo SI, esta el Asatru SI, tiene relevancia real ademas de ser una historia épica NO.

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails